EJERCICIO 004
“Se volvió loca, se volvió loca” era lo único que podía repetir. Lo que había visto Claudia la dejó con los pelos de punta. Su hermana Cristina estaba apuñalando a la dueña de casa, Mariví Fuentes, dentista de 35 años. “Tantas puñaladas no es algo normal”, se repetía, “una certera tal vez, dos para estar seguros, pero en tantas cuchilladas, hay venganza, maldad. Mi hermana es una asesina profesional”.
Esa noche Cristina apuñaló 64 veces a Mariví. Claudia no lo sabía, pero notó la sangre, las cortadas y la insistencia con la que el cuchillo de cocina, manejado por su hermana, rompía y desgarraba la piel de la víctima dejando salir ríos de espesa sangre.
Hace años que no se veían, justo había llegado desde Perú, donde trabajaba como parvularia, para visitar a su hermana mayor, quien ganaba en dólares y a la que le iba muy bien encargándose de las tareas de una casa en el norte de Guayaquil. En sus conversaciones previas, Cristina le había contado que se compró una casa en Los Ceibos, pero no le dijo, que tenía planes de asesinar a la dueña para quedársela. De hecho, le había dicho que se había comprado un condominio entero, pero Claudia pensó que era una exageración de su parte, no se puede ganar tanta plata haciendo lo que ella hace, pensó entonces.
Ahora Claudia estaba encerrada en un armario, con miedo, mientras su hermana seguía afuera, limpiando la escena del crimen, -eso suponía-, o esperando para asesinarla también; porque haber llegado con dos días de anticipación a la fecha fijada para su visita no resultó una buena idea.Claudia quería sorprender a Cristina, pero la sorprendida fue ella. Cuando llegó, hace unos escasos quince minutos, lo hizo a tiempo para ver el crimen, casi hasta ayudó, porque su hermana le pidió que pateara el rostro de Mariví, cuando esta se retorcía en el piso, con gemidos de dolor y angustia, mientras Cristina, con el rostro ido, como poseído por alguna extraña fuerza seguía apuñalándola una y otra vez. Pensar que lo primero que se le cruzó por la cabeza fue que Cristina solo se defendía.
Al entender esta macabra escena, Claudia solo corrió. Se olvidó de hacer caso a cualquier instinto de supervivencia y en lugar de huir se adentró en esa casa en la que estaba ocurriendo un asesinato, hasta que halló el armario del cuarto máster en el que, sin pensarlo mucho, entró. En esa oscuridad sentía que la casa completa olía a muerte y lo recién vivido le traía recuerdos de su infancia, época en la que Cristina -doce años mayor- la lastimaba con maldad, le causaba mucho dolor en los juegos de tortura que inventaba o la metía en problemas con los adultos. Esas imágenes le producían terror, hasta nauseas, y si sobrevivió fue porque su Cristina siempre quiso alguien con quien hacer realidad sus juegos malditos.
Antes de llegar a su actual escondite había notado un teléfono, pero salir en ese momento, con el peligro asechando, le parecía muy riesgoso. Cristina empezó a llamarla y se escuchaba cómo la buscaba en otros cuartos, aventando puertas, golpeando cosas. Eran tres cuartos y un estudio, no tardaría en encontrarla.
Claudia recordó su celular, lo sacó del bolsillo para llamar a la Policía, al menos para que la encuentren -viva o muerta- y atrapen a la asesina con la que había crecido. Mientras llamaba, retrocedió entre la ropa buscando ocultarse más, pateó un brazo, y tropezó con una cabeza, -ambos separados de sus cuerpos- vio su reflejo en un espejo y se asustó más, su corazón latía con fuerza, sentía que podría escucharse en toda la casa; se oía a la operadora del otro lado del teléfono, pero Claudia no podía hablar, estaba aterrada, quería gritar, pero su hermana acababa de entrar al cuarto. El armario era un 'walking clóset', de esos que incluyen el área para cambiarse de ropa adentro, pero este estaba lleno de cadáveres, los descubría poco a poco, mientras la escasa luz de su celular hacía de linterna, en eso sintió que otro brazo le cayó encima...
Cristina le había dicho que había comprado un condominio, ahora lo entendía, sus vecinos estaban ahí, en ese clóset donde ahora estaba escondida. La operadora insistía en preguntar qué sucedía, Cristina trataba de abrir la puerta del clóset y Claudia, en shock, no podía articular palabra, ni sonido alguno, solo se orinó del miedo.




