miércoles, 29 de febrero de 2012

Mi hermana es una asesina


EJERCICIO 004


“Se volvió loca, se volvió loca” era lo único que podía repetir. Lo que había visto Claudia la dejó con los pelos de punta. Su hermana Cristina estaba apuñalando a la dueña de casa, Mariví Fuentes, dentista de 35 años. “Tantas puñaladas no es algo normal”, se repetía, “una certera tal vez, dos para estar seguros, pero en tantas cuchilladas, hay venganza, maldad. Mi hermana es una asesina profesional”. 

Esa noche Cristina apuñaló 64 veces a Mariví. Claudia no lo sabía, pero notó la sangre, las cortadas y la insistencia con la que el cuchillo de cocina, manejado por su hermana, rompía y desgarraba la piel de la víctima dejando salir ríos de espesa sangre.

Hace años que no se veían, justo había llegado desde Perú, donde trabajaba como parvularia, para visitar a su hermana mayor, quien ganaba en dólares y a la que le iba muy bien encargándose de las tareas de una casa en el norte de Guayaquil. En sus conversaciones previas, Cristina le había contado que se compró una casa en Los Ceibos, pero no le dijo, que tenía planes de asesinar a la dueña para quedársela. De hecho, le había dicho que se había comprado un condominio entero, pero Claudia pensó que era una exageración de su parte, no se puede ganar tanta plata haciendo lo que ella hace, pensó entonces.
Ahora Claudia estaba encerrada en un armario, con miedo, mientras su hermana seguía afuera, limpiando la escena del crimen, -eso suponía-, o esperando para asesinarla también; porque haber llegado con dos días de anticipación a la fecha fijada para su visita no resultó una buena idea.Claudia quería sorprender a Cristina, pero la sorprendida fue ella. Cuando llegó, hace unos escasos quince minutos, lo hizo a tiempo para ver el crimen, casi hasta ayudó, porque su hermana le pidió que pateara el rostro de Mariví, cuando esta se retorcía en el piso, con gemidos de dolor y angustia, mientras Cristina, con el rostro ido, como poseído por alguna extraña fuerza seguía apuñalándola una y otra vez. Pensar que lo primero que se le cruzó por la cabeza fue que Cristina solo se defendía.
Al entender esta macabra escena, Claudia solo corrió. Se olvidó de hacer caso a cualquier instinto de supervivencia y en lugar de huir se adentró en esa casa en la que estaba ocurriendo un asesinato, hasta que halló el armario del cuarto máster en el que, sin pensarlo mucho, entró. En esa oscuridad sentía que la casa completa olía a muerte y lo recién vivido le traía recuerdos de su infancia, época en la que Cristina -doce años mayor- la lastimaba con maldad, le causaba mucho dolor en los juegos de tortura que inventaba o la metía en problemas con los adultos. Esas imágenes le producían terror, hasta nauseas, y si sobrevivió fue porque su Cristina siempre quiso alguien con quien hacer realidad sus juegos malditos.
Antes de llegar a su actual escondite había notado un teléfono, pero salir en ese momento, con el peligro asechando, le parecía muy riesgoso. Cristina empezó a llamarla y se escuchaba cómo la buscaba en otros cuartos, aventando puertas, golpeando cosas. Eran tres cuartos y un estudio, no tardaría en encontrarla.
Claudia recordó su celular, lo sacó del bolsillo para llamar a la Policía, al menos para que la encuentren -viva o muerta- y atrapen a la asesina con la que había crecido. Mientras llamaba, retrocedió entre la ropa buscando ocultarse más, pateó un brazo, y tropezó con una cabeza, -ambos separados de sus cuerpos- vio su reflejo en un espejo y se asustó más, su corazón latía con fuerza, sentía que podría escucharse en toda la casa; se oía a la operadora del otro lado del teléfono, pero Claudia no podía hablar, estaba aterrada, quería gritar, pero su hermana acababa de entrar al cuarto. El armario era un 'walking clóset', de esos que incluyen el área para cambiarse de ropa adentro, pero este estaba lleno de cadáveres, los descubría poco a poco, mientras la escasa luz de su celular hacía de linterna, en eso sintió que otro brazo le cayó encima... 

Cristina le había dicho que había comprado un condominio, ahora lo entendía, sus vecinos estaban ahí, en ese clóset donde ahora estaba escondida. La operadora insistía en preguntar qué sucedía, Cristina trataba de abrir la puerta del clóset y Claudia, en shock, no podía articular palabra, ni sonido alguno, solo se orinó del miedo.

lunes, 6 de febrero de 2012

DUERME JOSÉ

ejercicio 003

La canción se repite una y otra vez.
Cuando despierte José, será la que lo conecte con sus recuerdos, él sabrá cuáles. Así lo dejó estipulado yo solo la repito hasta el cansancio.

En el interior yace acostado, conservado en el tiempo, que parece detenido dentro de esta cápsula.
Duerme, solo duerme. A su alrededor todo es oscuridad, una débil luz que traspasa ese grueso y helado vidrio azulado, a prueba de todo, lo alumbra escasamente.

La nave fue enorme en alguna época. Esta es solo una fracción desprendida de su todo. Suelta en el espacio, flotando sin rumbo determinado, abandonada.
Solo viajamos él y yo; y la única consciente soy yo. Técnicamente no soy humana, tampoco envejezco, nunca duermo, pero tengo voz, y en estos tiempos es lo que maneja todo.

¿Qué pensaría José si despertara?
Hace 10 años terrestres entró en ese profundo sueño de hibernación.
Entonces era un joven científico con ganas de descubrir nuevos mundos. El plan salió mal en alguna de sus partes; pero él no lo supo, no lo sabe y no lo sabrá. Lleva aquí 10 años que en su apariencia no parecen haber transcurrido.

Cuando recién llegó, era su primera salida al espacio, su primer viaje a través de un agujero de gusano, entonces José palpaba todo lo que podía, las texturas, las temperaturas, como si fuera ciego, si hubiera podido aplastaría los botones que encontrara a su paso, pero la tecnología había simplificado todo y en una nave espacial del año 2135, los botones son exclusivamente para sacarse el estrés, que no se ha podido erradicar y desde el 2012 quedó tipificado como enfermedad.
En esta época los comandos de voz lo manejan todo, eso porque la telepatía ocasionó desastres, entre el pensar hacer algo y el decidirse a ejecutarlo.

Son muchos años en los que me he preguntado ¿quién despertará a José?, ¿qué voz activará el comando que abra la cápsula de enfriamiento para que se vuelva activar su vida?. Su voz está apagada ahora y seguirá apagada.
Según su ficha, el peinado está intacto, igual a cuando entró, engominado casi milimétricamente; la barba tampoco ha crecido; arrugas nuevas no han salido, las que rodean sus ojos permanecen intactas, al igual que las ojeras de siempre. Las dieciséis canas de su barba también están, él tampoco se las hubiera arrancado, siempre deseó presumir una cabellera plateada, según un mensaje que le envió a su esposa en el 2112.

La calma del espacio no se compara con nada. Es abrumadora, es silencio absoluto, miles de destellos, que sin banda sonora parecen una película muda, musicalizada por esta canción que no para de sonar. La nave es un cuerpo más flotante, como un asteroide o algún fragmento incandescente.

Sparta-9009-A, su nodriza, ya está lejos, camino a la tierra. Cuando el compartimento de una de las alas se desprendió hace 9 años, nada se pudo hacer. 
- José seguirá durmiendo, nunca se enterará, nunca despertará-, pensé entonces.
El resto al entrar en contacto con la atmósfera terrestre despertará. ¿Lo recordarán?.

En 120 años, con un sistema operativo que se actualiza constantemente, me acostumbré tanto a los humanos, que siento el impulso de pronunciar el comando que abra la cápsula para ver cómo reaccionará ante está situación. Seguramente se desesperará.
Él no sabe que existo, yo en cambio lo he estudiado desde este panel ubicado justo sobre su coronilla. Hasta le he tomado afecto. A veces también tengo el impulso de terminar con todo. No tengo capacidad para predecir qué pasará, pero mis sensores me indican que nadie nos rescatará, ni en 10 años más.
Lo miro fijamente, por una vez más, la última.

- Comando Apagar Música.
- Comando Autodestrucción.